lunes, 12 de noviembre de 2018

"Cuando siento una necesidad de religión, salgo de noche y pinto las estrellas." 

El afecto negativo.


Generalmente el afecto negativo en nuestra vida se vuelve rutinario. La negatividad que llevamos dentro nuestro es a base de todo lo que hemos vivido, a base de nuestra experiencia diaria, nos acostumbrados a convivir con el dolor, con el aburrimiento, con el sentimiento de no pertenecer, de no poder ser, de no sentirnos mas que una cosa en este mundo de color gris. El afecto pertenece a nivel físico; en nuestra piel, respiración y todo nuestro cuerpo. Es un modo de sintonizar con el mundo que nos rodea.Pero y sino pertenecemos al mundo ¿cómo vamos a sintonizar con él? Si no somos mas que un micropunto en el universo, en nuestra vida, todo pasa y nosotros seguimos escuchando la misma canción que nos hace sentir peor, seguimos leyendo el libro que no queremos terminar porque no nos gusta, aún nos juntamos con personas que nos hacen sentir incómodas pero nos enseñaron a tener la obligación de pertenecer a alguna parte. Pero nadie nos enseña a ser felices, a no sentirnos mal por no pertenecer, a esquivar el sistema, las normas sociales, a las personas que no queremos ver. No tenemos el valor de hacerlo por ser juzgados, por no seguir perteneciendo, por ser discriminados. Pero uno se cansa de todo, y ya es hora de ser nosotros mismos, o intentar serlo.
Nos encanta el afecto negativo porque estamos rodeados de él...

miércoles, 24 de octubre de 2018

Lo desechable.

Hace un tiempo atrás estuve analizando sobre los vínculos de nosotros, los seres humanos. Me asusté un poco a medida de que sacaba mis propias conclusiones.
Estudiando a un poeta castellano de la Edad Media llamado Jorge Manrique, pude visibilizar algo que en la actualidad se hizo tan común que no nos damos cuenta. En una de sus coplas a la muerte de su padre nos brinda reflexiones acerca de las cosas materiales.
Pasamos toda nuestra vida terrenal entretenidos persiguiendo cosas materiales que nos olvidamos de lo que realmente importa y es vivir. No gastamos ni un segundo de nuestro tiempo para cuestionarnos por qué cosas vale la pena desechar nuestro tiempo ¿De verdad son tan importantes o nosotros creímos toda nuestra vida que lo son? Los objetos que perseguimos son un bien engañoso, perdemos tanto el tiempo en ello que dejamos que el mundo terrenal nos termine traicionando cuando en realidad los traidores somos nosotros, tendemos a traicionar nuestros propios ideales para perseguir esos bienes, que al fin y al cabo, son desechables.
 La conclusión que deriva de todo este pensamiento es: los vínculos que tenemos con las demás personas son desechables como las cosas, no hay nada de que aferrarse. Por ello existe tanta ausencia de sentimientos, de emociones, de pasiones; no tenemos de donde sostenernos en la soledad que estamos presenciando.
Vivimos en una modernidad desechable.

"Cuando siento una necesidad de religión, salgo de noche y pinto las estrellas."