miércoles, 24 de octubre de 2018

Lo desechable.

Hace un tiempo atrás estuve analizando sobre los vínculos de nosotros, los seres humanos. Me asusté un poco a medida de que sacaba mis propias conclusiones.
Estudiando a un poeta castellano de la Edad Media llamado Jorge Manrique, pude visibilizar algo que en la actualidad se hizo tan común que no nos damos cuenta. En una de sus coplas a la muerte de su padre nos brinda reflexiones acerca de las cosas materiales.
Pasamos toda nuestra vida terrenal entretenidos persiguiendo cosas materiales que nos olvidamos de lo que realmente importa y es vivir. No gastamos ni un segundo de nuestro tiempo para cuestionarnos por qué cosas vale la pena desechar nuestro tiempo ¿De verdad son tan importantes o nosotros creímos toda nuestra vida que lo son? Los objetos que perseguimos son un bien engañoso, perdemos tanto el tiempo en ello que dejamos que el mundo terrenal nos termine traicionando cuando en realidad los traidores somos nosotros, tendemos a traicionar nuestros propios ideales para perseguir esos bienes, que al fin y al cabo, son desechables.
 La conclusión que deriva de todo este pensamiento es: los vínculos que tenemos con las demás personas son desechables como las cosas, no hay nada de que aferrarse. Por ello existe tanta ausencia de sentimientos, de emociones, de pasiones; no tenemos de donde sostenernos en la soledad que estamos presenciando.
Vivimos en una modernidad desechable.

"Cuando siento una necesidad de religión, salgo de noche y pinto las estrellas."